loading-indicator

LOADING

En los medios se predicen infinitos escenarios de cómo será la sociedad tras la pandemia. Lo que se repite una y otra vez tiende a ser superficial, muy de coyuntura. Hay que hacer preguntas más radicales. ¿Será el mundo realmente diferente tras el Covid-19? No lo creo. En mi opinión la pandemia y sus consecuencias no cambiarán al mundo (o solo superficialmente). Esta pandemia NO es un quiebre en la modernidad, ni en el libre mercado, ni en la globalización. Todo lo contrario. El virus es la intensificación de dichos procesos. El libre mercado, — entre otros fenómenos, como la internet, y la facilidad de transporte aéreo, pero esencialmente el libre mercado— , ha hecho que Wuhan, Lombardía, Guayaquil, Ankara, y Nueva York sean un solo pueblo en muchos sentidos. Eso ya venía pasando. Y es solo el principio. A mi modo de entender, el mundo será incluso más mercantil, global, digital y post-moderno tras la crisis (ya lo es), aunque, eso sí, algunos gobernantes y muchos ciudadanos tratarán de llevarnos por caminos nostálgicos (véase: Estado descomunal, prohibición de viajes, cierre de fronteras) que además de retrógrados son quiméricos. Pero todo eso será temporal. Nadie le gana a la realidad. Lo que se llama “global village” es lo realmente inexorable. Para los descreídos: Aceptarlo, please. Mejor dicho, aceptarlo, qîng. Tras el virus nos encontraremos con lo siguiente: A. La intensificación de lo que llamamos “el presente.” B. La reacción burda, por anacrónica, de casi todos los gobiernos. Aclaración. La reacción burda será más que nada de los gobiernos occidentales. No tanto por parte de los de oriente, que no comen cuento acaso por el simple hecho de que el eje de la modernidad se está trasladando a Asía, lo cual no es nuevo; es simplemente más notorio, más intenso ahora. En fin, una visión más clara de donde estarán las cosas en el siglo XXI, es lo que nos ha dado el letal virus. Nada de quiebres, y menos de quimeras. Más de lo mismo, pero concentrado y, muy de a poco, con el eje en otros epicentros: Beijing, Seúl, Singapur... por allá. Lo que hay que hacer, para empezar, es aceptar la contradicción implícita en la realidad de nuestros tiempos: los problemas sobrepasan lo nacional, pero los efectos siguen y seguirán siendo locales.
Notas sobre la vida tras el virus
5.5.20